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Desde una perspectiva culinaria y de análisis sensorial, esta fruta destaca gracias a un perfil aromático sumamente complejo, integrado por más de un centenar de sustancias volátiles que definen su fragancia característica cuando alcanza su estado óptimo de madurez (Sánchez et al., 2012). La dulzura característica que deleita al paladar proviene en su mayor proporción de la sacarosa, la cual representa más de la mitad del total de los azúcares presentes en la pulpa cruda, estando el porcentaje restante distribuido entre glucosa y fructosa (Atkinson, Foster-Powell y Brand-Miller, 2015). En el ámbito de la horticultura comercial se agrupan distintas variantes bajo la misma especie botánica, entre las cuales la nectarina sobresale por poseer una piel completamente lisa y brillante, un carácter físico determinado por la presencia de un gen recesivo específico (Seelig, Fogle y Hesse, 2007). La experiencia gastronómica enseña que la calidad y el sabor óptimo se logran al consumir la fruta recolectada en su punto justo de maduración directamente de la rama, dado que el contenido de compuestos beneficiosos como la vitamina C tiende a ser superior en estas condiciones en comparación con la maduración posterior a la cosecha (Harvard Center for Health, 2010). Su excelente versatilidad culinaria permite emplearlo tanto en conservas tradicionales como en postres emblemáticos de la repostería internacional, ampliando las posibilidades creativas de cocineros y pasteleros en la actualidad. Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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Bibliografía
Atkinson, F. S., Foster-Powell, K., y Brand-Miller, J. C. (2015). Glycemic index and glycemic load for 100+ foods. Harvard Health Publications.
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Jett, S. C. (1977). History of Fruit Tree Raising among the Navajo. Agricultural History, 51(4), 681–701.
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